Daniel “Tatita” Márquez, el músico uruguayo especializado en candombe, aborda el tema como percusionista y compositor, pero también como docente e investigador. Recientemente tuvimos la oportunidad de entrevistarle al finalizar él y su esposa Eugenia (bailarina de candombe), un mes de intensa actividad en Israel. Aprendimos y disfrutamos. Este es un resumen de la entrevista.
Tatita, es un gustazo conocerte personalmente. Y debo confesar ante todo que sabía de tu música, pero no de tu dedicación a la investigación del candombe, que has volcado también en escritos sobre el tema. ¿De dónde vino tu dedicación al candombe, mucho más allá de la práctica misma de tocarlo?
Te diré que vino de una necesidad en realidad de tener conocimiento acerca de nuestra cultura, sobre todo de la parte musical, del toque de los tambores específicamente. Eso me llevó a hacer trabajos que después se transformaron en trabajos didácticos. El último fue para la Unesco, fueron 14 trabajos didácticos y de investigación de candombe, donde entrevisté a muchísimas personas relacionadas con el candombe, todos ellos referentes de diferentes barrios de Montevideo.
¿Qué quiere decir investigar el candombe?
La investigación radica en entender cuáles son las raíces, cómo se instaló el candombe en los distintos barrios, aunque estamos hablando particularmente de Barrio Sur, Palermo y Cordón y cómo de ahí se ramifica al resto del Uruguay y del mundo. También es ver cómo en parte de esas raíces hay también una ramificación de familias que tienen a su vez diferentes formas de tocar el candombe. Lo que yo hice fue comenzar a investigar lo que particularmente tocaba cada una de esas personas y cada una de esas familias para después entender cómo es el contexto de un barrio y de la transformación al resto del Uruguay.
¿Querés decir que grandes familias lo adoptaron y lo siguieron transmitiendo?
Claro. Todo proviene del África, llega a Uruguay, hay una descendencia de esclavos africanos que se establece en el sur de Montevideo y que permanece allí hasta el día de hoy. Esas familias son las que conservan y mantienen el candombe, las que han hecho que el ritmo evolucione a lo que conocemos hoy en día. Yo investigué a esos maestros que supieron mantener la tradición. No había nada para aprender percusión de candombe, ahí es que radica mi interés en estudiar e investigar el candombe.
¿Y cómo explicás vos en el exterior, en tus viajes a culturas variadas, qué es el candombe?
Decir qué es candombe exactamente no es fácil porque hay muchas maneras de explicarlo. Pero podemos resumir diciendo que es como un sentimiento de la música de Uruguay. Pero llevándolo a un plano un poco más específico, el candombe es una música tradicional afro-uruguaya que se toca con tres tambores durante todo el año en Uruguay, en Argentina y en el mundo…La raíz es africana pero la formación verdadera es en Uruguay, con tambores fabricados en Uruguay y con un ritmo que se conformó en Uruguay.
El candombe fue traído pues a nuestro país por los esclavos llegados de África, pero se desarrolló como lo que es hoy en Uruguay.
Exacto, porque fueron diferentes etnias de diferentes lugares de África y la transformación en un ritmo solo es lo interesante, debido a lo que estaba sucediendo también en el Montevideo colonial, las raíces europeas, africanas, indígenas hicieron al candombe. Hay una cantidad de elementos que hicieron lo que hoy conocemos como candombe realmente, es un ritmo afro-uruguayo.
Y si vivieran hoy aquellos esclavos que llegaron a nuestras tierras y escucharan el candombe, ¿preguntarían dónde está el ritmo original?
Es difícil saberlo porque como comenté antes, no había material del que aprender. Hay algunas grabaciones antiguas que muestran un candombe un poco más básico e inclusive un candombe en 2/4, mientras que ahora se toca en un compás de 4/4 . Antes era más similar a lo que sería una milonga. Yo creo que la matriz todavía se mantiene, lo que ha pasado es una evolución natural de las cosas y la han hecho los propios sucesores de esas familias, así que me parece que no está mal, creo que si reencarnaran esas personas lo aprobarían.
¿Los descendientes de esas familias siguen viviendo en Uruguay?
Sí, claro. Las familias que hoy en día viven en Montevideo y que transmiten el ritmo tal como lo aprendieron en sus familias son los Oviedo, los Martirena, los Silva de la parte del barrio Cuareim, los Pintos en Cordón, Gradin, Goulart, García, Suárez, Ramos… son muchas familias que han empezado a expandirse inclusive en varias familias más.
Y está claro que la mayoría de esos apellidos, no todos, son oriundos de España… hubo una gran mezcla.
Sí, claro, estamos en 2017, han pasado muchos años. Aparte esos africanos que llegaron obviamente perdieron su identidad, les pusieron los nombres de los amos, es ahí que les cambian los apellidos.
Me suena terrible eso.
Sí, claro, les cambian todo, la identidad, la cultura, la religión, las costumbres, todo.
¿Desde cuándo se puede hablar en forma ordenada de candombe en Uruguay?
Decir una fecha exacta es bastante complejo, pero después de la abolición de la esclavitud, 1842 en adelante, ya se empiezan a visualizar algunas cosas acerca del candombe. En 1956 se establece ya como algo más concreto en el Carnaval de Montevideo, pero mucho hay grabaciones y cosas concretas mucho antes, con el candombe siendo interpretado, pero en lugares más cerrados.
Me sorprende que fuera después de la evolución de la esclavitud. ¿Es que estalló luego como expresión de los sentimientos por la liberación?
Anteriormente, en calidad de esclavos, estaban en sus lugares cerrados en los que no se veía lo que hacían, entonces era como un culto más religioso con el que la iglesia católica no estaba de acuerdo, entonces no dejaba que se mostrara. Entonces tampoco hay antecedentes de eso, más allá de algún escritor francés que estuvo en Montevideo y comentó de unos rituales africanos de determinada manera, pero son documentos que no hablan muy claro de qué era lo que se practicaba y cómo era, sino de un ritual. Pero concretamente es como que se empieza a visualizar cuando empieza a ser parte más integrada de la sociedad de Montevideo de esa época.
¿Dirías que es música que irradia alegría o también nostalgia?
Tiene de todo un poco, porque el candombe tiene una parte de esa resistencia ante esa opresión del negro, que ha sabido mantener a través de todos estos años en todos los aspectos y que se ha sabido conservar y ganar un lugar en la sociedad. Esa es una parte guerrera, fuerte, que habla de esa resistencia. Después hay una parte festiva, de alegría, de cultura popular. Y una parte que ya está integrada al Uruguay, a lo que son nuestras costumbres como el mate, la comida…pues también el candombe. Es parte de la sonoridad de Uruguay, ya está incorporado.
Y es impresionante que lo lleves también a sitios de cultura totalmente distinta, en tus viajes a diversos países.
Así es. Hace ya años que con mi esposa, Eugenia, estamos ya abordando al mundo, hemos estado en Sudáfrica, Asia, Europa, Estados Unidos, toda América del Sur…ahora vamos a China, hemos estado en Corea. En lugares como China, no saben lo que es el candombe y aprender con nosotros. Vamos a festivales de música de jazz, de música del mundo o de percusión. Siempre, con el candombe.
EL VIAJE A ISRAEL
Y esta vez, llegaron a Israel. Has viajado por lugares muy variados con el candombe que tocás, y con tu esposa Eugenia que lo baila…pero me atrevo a imaginar que es muy distinto interpretar todo esto ante una comunidad de uruguayos como lo han podido hacer en Israel ¿verdad?
Cuando hay uruguayos, sentimos el calor de quien está buscando algo de lo nuestro estando separado de su tierra. Y yo al hablar en español, transmitir con los mismos códigos, sentir el mismo sonido, generar una confianza, y eso ya hace que haya una cosa ahí que está pasando, que es fuerte para las dos partes, porque quien viene de lejos se encuentra también con la frialdad del que no te conoce, de que lo que para vos es normal para el otro no. Entonces cuando te encontrás con el uruguayo empatizás y resulta muy fácil en algunos aspectos.
¿Han tenido espectáculos ante israelíes no uruguayos, o en general vienen latinos?
Sí, tuvimos un espectáculo acá en Israel, con la cantante uruguaya Silvia Kigel donde yo hice toda esta parte nueva de candombe con robótica, que se llama The New Powerful Candombe. El público era israelí, ruso, argentino. Creo qu4e en unas 250 personas había unos 20 uruguayos.
¿Y cómo reaccionó ese público?
Les encantó. Ayer mismo tocamos en Shablul, un club de jazz de aquí muy conocido de Tel Aviv y el público era israelí, había algún que otro uruguayo, pero era en su mayoría público israelí que también quedó muy contento con lo que mostramos.
¿Eugenia, vos también sentiste la buena receptividad?
Eugenia: Sin duda. Te cuento que por ejemplo fuimos a un liceo en la ciudad de Rishon Letzion, que hasta tiene una sala Uruguay, en el que la profesora de español, es una uruguaya que vive acá, se llama Esperanza. Ahí yo creo que fue más desafiante todavía porque fue con un público adolescente.
¿Bailaron y todo?
Eugenia: Sí, bailé. Les enseñé un poquito a bailar a los chicos. Fue más desafiante porque son generaciones nuevas, que manejan otro tipo de información y que están del otro lado del mundo. Nos sorprendió gratamente la recepción que nos dieron los chicos.
¿Cómo se están sintiendo en Israel?
Tatita: Muy bien. Es la primera vez que venimos y todo nos resultaba nuevo o desconocido. Y más con toda la historia que tiene este país y con todo lo que significa Israel para el mundo. Así que es una experiencia que nosotros estamos incorporando de a poco. El resultado de todo es muy positivo. Estamos aprendiendo mucho, disfrutando, conociendo gente muy buena que nos está brindando muchísimas cosas y se está brindando hacia lo que nosotros hacemos. Es decir, que es una experiencia súper positiva en la cual queremos seguir ahondando con venir muchas más veces.
¿Es muy diferente la imagen que uno se puede hacer de afuera de lo que vieron estando ya varias semanas en Israel?
Eugenia: Sí, totalmente. Uno piensa en un país que está en guerra y la imaginación va para otro lado, y es muy distinto lo que se siente, sobre todo en Tel Aviv, donde nos sorprendimos enormemente que haya tanta población joven, que haya una movida cultural tremenda a nivel de Europa, Nueva York, no sé, cualquier lugar. El trabajo tecnológico que se está haciendo aquí también sorprende del imaginario que tiene uno antes de venir, ¿no? Y también a la vez como que está esa fusión de la alta tecnología, la modernidad, con toda la parte histórica, con toda la parte antigua, y es muy interesante cómo se conjugan las dos cosas. Y termina siendo como una sociedad también muy de avanzada con todo lo que pasa, pero a la vez también con una tradición súper fuerte. Es como que hay cosas que son contradictorias pero hay cosas que van en conjunto, es complejo.
Tatita, ¿qué emociones han vivido en los encuentros con uruguayos?
Nos llamó la atención mucho el día que hicimos la actuación en la embajada de Uruguay, que también hubo una muestra de artistas plásticos de Uruguay, que la gratificación de todos ellos, de personas mayores -en el entorno de 50 años para arriba- con un grado de agradecimiento que no podíamos entenderlo inclusive, y de un arraigo con el Uruguay, un amor, que la verdad que nos sorprendió para bien. Es lindo ver eso, que va y que dice: «Che, la verdad que el Uruguay es tremendo lugar», y nosotros somos conscientes de eso porque volvemos siempre. Nosotros estamos un tiempo viviendo en Uruguay y un tiempo afuera, pero somos capaces de entender que es un lugar que para vivir…
Que uno se lleva siempre en el corazón.
Tatita: Exacto, es un lugar donde uno encuentra como una parte ahí donde está. Y los uruguayos en Israel nos transmitieron un poco eso, ese amor hacia eso del Uruguay. Y nosotros a su vez conocemos mucha gente que vive por el mundo y ahí entendimos un poco a nuestros amigos judíos que viven por el mundo, incluso uruguayos, un poco su forma de ser y de pensar.
Y tenés todos estos encuentros, llevando al mundo el candombe. Me imagino que vos no podés decir que trabajás en esto porque esto es tu vida, tu pasión, ¿no?
Sí, el trabajo va en cuanto al compromiso, al estar, al levantarse todos los días y hacer lo que hay que hacer, al meterle horas, las horas que estoy despierto están para eso y las que estoy durmiendo son de esperar para volver a levantarme y que siga siendo para eso. y todo lo que sucede está envuelto en eso: en darle tiempo a lo que quiero mostrar, enseñar y hacer. En realidad, se transforma en las 24 horas del día, porque cuando estás descansando estás sabiendo que necesitás descansar para tener energía para volver a hacerlo. Es un trabajo, es muy disfrutable, pero es trabajo también.
Está claro que la investigación y la docencia requieren un trabajo muy ordenado, pero al verte tocar me pregunto: ¿hay que saber de eso en forma profesional o viene algo del corazón, de adentro, que te mueve las manos? Me imagino que hay algo de las dos cosas.
Es lo que dicen que de talento es 20% y el 80% restante es trabajo, así seas Messi. Así es desde el comienzo mismo, porque yo tenía muchas ganas de hacer cosas, pero no tenía ni idea de cómo hacerlas, ese cómo es el hecho de sentarse con alguien que sabe y que te lo explique, y eso significa una universidad o una escuela de música donde te digan cómo hacer las cosas. Y después de que vas seis años a una escuela de música querés hacer otros seis en otra escuela de música, y después otro tanto en otro lugar y después ir con los mejores… Ese es el camino que nosotros hacemos.
Con el candombe a cuestas, por el mundo, también en Israel
28/Jul/2017
Uypress, Ana Jerozolimski